
Adulterios.
Woody Allen.
2006. Marginales Tusquets. 155 páginas.
Teatro.
Sinopsis:
Mediante vivos diálogos llenos de ingenio, Adulterios narra tres historias sobre el amor y el desamor, el matrimonio y la infidelidad. Y, como ocurre en todas las obras de Woody Allen, las situaciones disparatadas y divertidas esconden una honda reflexión en torno a la comedia humana. Tituladas Riverside Drive, Old Saybrook y Central Park West, las tres obras teatrales, las más recientes en la producción de Woody Allen y ya llevadas con éxito a escena en Nueva York, están protagonizadas por neoyorquinos arquetípicos que, en su ingenuidad, deben enfrentarse a realidades inesperadas; creyendo que lo tienen todo controlado, y que sus actos están regidos por la razón, se ven, sin embargo, compelidos a ocultar dichos actos y, contradictoriamente, a confesarlos en los momentos más inoportunos.
Es curioso hacer la reseña del libro más divertido que he leído este año en uno de los momentos personales más malos (que no el que más, que éste ha sido un año fino). Pues nada, que el libro es genial y blablabla. Que de mayor quiero ser como Woody Allen, pero con más pelo. Que tiene fragmentos como este:
Ocho putas están sentadas, a la espera de clientes, en un burdel. Un putero entra y les pasa revista. Al final las desprecia a todas y elige un paragüero que hay en un rincón. Baja al vestíbulo con el paragüero entre los brazos, se lo lleva a la cama y tiene una intensa y apasionada relación sexual con él. En el siguiente plano, lo vemos conduciendo un Volkswagen Escarabajo y en pantalla aparece brevemente el mensaje: “Volkswagen, para el hombre con gustos especiales”.
O como este:
Tengo una paciente que se atragantó con una espina de pescado en Le Bernardin y un extraño se le acercó por detrás, le realizó la maniobra de Heimlich y la excitó. Desde entonces, donde quiera que vaya a cenar, se atraganta.
Y que menuda putada que me haya durado tan poco. Por un rato hasta me dio por reírme, y por creerme que era medianamente feliz, y tal, o que al menos empezaba a salir del jodido bache. Por un rato sólo.
Lo sé: vaya mierda de reseña la mía.
